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martes, 10 de noviembre de 2015

Silencio

Nunca le recordaba lo que no se debía contar, no era necesario. A ella no se le ocurriría decírselo a nadie, porque nadie la creería.
Salían siempre juntos y tomaban algo en el bar de la esquina cada domingo.
Siempre juntos, siempre agarrados de la mano, siempre en silencio.
Ella suplicaba ayuda con la mirada mientras que él apretaba su mano contra la suya con fuerza hasta hacerle daño para que no intentase cambiar de rumbo.
Y así pasaban los días y nada cambiaba porque ella mantenía ese silencio no pactado.
Hasta que un día ella desapareció y no le contó nada a nadie, tal y como él le había enseñado...

Sin rastro

Quizás mañana te atrevas a mirarme a los ojos cuando te despiertes entre hedores de alcohol que se adhieren a tu piel, recordándome que algún día dejaste de oler a sándalo.
Esquivaré tu mirada y le serviré el desayuno a los niños, que me reprocharán otra vez más, que el volumen de la televisión estaba demasiado alto anoche; porque el ruido de peleas y gritos no les dejaban dormir.
Les recordaré que su padre les quiere mucho cuando se vayan al colegio y después recogeré  la casa, haré la compra y prepararé la comida.
Tal vez mañana me decida a descolgar el teléfono y a marcar ese número...Y por fin todo esto acabará.