No sólo duelen los golpes.
Soy un ser precioso, increíble, pero frágil. Como las alas de una mariposa, eso dijeron. Tengo talentos naturales, esa suavidad, esa comprensión, esa habilidad para cuidar y dar cariño. Pero no la fuerza, ni la voluntad; eso es coto privado de otros. Yo soy bella, y comprensiva, y frágil, y necesito que alguien me cuide para no ser una mariposa en una tormenta. Pero nadie nace débil. Cuando cedemos la fuerza cedemos la libertad, y entonces nuestra integridad depende sólo de la buena voluntad de otros. Entonces el nudo corredizo se cierra.
Siempre he pensado que la sangre tiene un sabor salado. Como las lágrimas.