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lunes, 9 de diciembre de 2019

016

Aferrada al móvil, escondida en las sombras, de nuevo en el armario aunque hoy no está sola. Su memoria vuelve al pasado cuando la que estaba en el armario era su madre y le decía, hija mía tu aguanta. 

Y eso ha hecho María, ha aguantado golpes, insultos y gritos. Por primera vez tiene a su hija junto a ella, el móvil en el bolsillo y un número resonando en su cabeza. 

Agazapadas en el armario siguen esperando a que suenen las sirenas, porque vienen a salvarlas porque vienen a por ellas.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

...016...

Mi vecino creó un hermoso jardín, sus Rosas perfumaban las cálidas mañanas, las Damas de Noche las tardes de estío. En el centro plantó un pequeño árbol carmesí...

Yo, en mi parcela, construí una Jaula de Oro donde nacieron mis hijos. Mi manos me consagraron como artista...

El arbolito de mi vecino creció, cobijando multitud de aves, deleitándonos con sus trinos y refrescando bajo su copa el inmenso jardín. Cansado de la algarabía, un día aciago, taló el árbol. El jardín se secó.

Cuando mi carrera comenzó a dar sombra a mi marido y el bullicio de los niños se hizo molesto levantó un cuchillo... un Ángel vestido de azul fue nuestro escudo. Sus alas nuestro refugio.

...Él se marchitó.






miércoles, 23 de noviembre de 2016

Susana

Si no hubiera elevado el volumen del televisor la inquietante mañana que oí el primer grito…
Si hubiese empuñado el teléfono y hubiera llamado a la policía la tarde que me alarmé al sentir el primer golpe…
Si no me hubiese cambiado de habitación para dormir la fatídica noche que escuché el primer llanto…
Si no hubiese sido tan indiferente y cobarde como el resto de los vecinos ante la extrema violencia que percibíamos en aquella casa un día sí y otro también...
Hoy, Sara y Dani, cinco y tres años, seguirían yendo al colegio juguetones y felices agarrados a la mano de Susana, su madre…
Mi vecina del piso de arriba...

016


De niña, mis sueños azules me daban fuerzas para espantar sombras, para negar espantos de golpes y cosas rotas. Gritos y silencios. Papá, su flores... perdón...nunca más. Luego fueron otras angustias, competir desde la desigualdad, luchar por mi dignidad. Un día pareció que esos sueños azules se hacían realidad, me había enamorado. Él sería distinto. Me amaba decía,...pero más tarde ya no le entendía, le defraudaba. Todo lo que soñaba lo ocultó su sombra, sus gritos, mis silencios, el brazo en los ojos para no ver. Esos ramos de flores para ocultar golpes y cosas rotos. Reuní fuerzas, marqué, llamé, y rompí silencios y sombras. Hoy he recuperado mi dignidad... y esos sueños azules que creí perdidos.

lunes, 14 de noviembre de 2016

016

Tenía que haberlas visto venir: las llamadas no devueltas, los secretos, los cafés, la mirada perdida… Ese mensaje de mierda diciendo que nuestro tiempo había acabado entró en mi cuerpo corriendo como el veneno. “Sí, tienes razón, el tuyo dalo por acabado”. 

lunes, 23 de noviembre de 2015

016

Mientras desgajaba una mandarina, no dejaba de darle vueltas a los acontecimientos de la mañana; el pequeño Mauro, que había sido alumno suyo hasta los 5 años, golpeó violentamente a una compañera.
El niño, cabizbajo, estaba sentado a su lado con las manos apoyadas en sus rodillas, parecía que no  hubiera roto un plato en su vida. Juntos esperaban a sus padres para tener una pequeña charla, pero sus temores se hicieron realidad cuando al abrirse la puerta, apareció sólo el padre.
-¿Qué has hecho esta vez, Mauro?.
Al parecer, el desencadenante había sido un dibujo robado dónde se podía distinguir una mujer diminuta con la cara pintada en rojo, a su lado, una figura se alzaba amenazante.

martes, 3 de noviembre de 2015

"016"

¡¡Quiero verlo todo como a mí me gusta cuando vuelva!!,  gritó mientras daba un portazo y echaba la llave por fuera.

Dentro quedó ella, sentada en el suelo, en un rincón, con los ojos rojos y una fuerte contusión que cubría el lado izquierdo de la cara. Su hijo de 15 meses lloraba desconsoladamente en el corralito.

Se levantó dolorida, se colocó el cabello revuelto por los fuertes tirones, miró por el suelo y debajo del cajón de la mesilla volcado sobre el piso del dormitorio. Estaba en el bolsillo de la bata, estaba intacto.  No lo había encontrado.

Era el conducto que utilizaba habitualmente para soñar con otro mundo.

Marcó el 016 buscando si ese mundo era posible.

016

Echa un ovillo en la cocina, Aurora busca lágrimas con que desahogar el sufrimiento, pero no consigue licuar su horror. Él ha salido, siempre ocurre así: descarga su brutalidad y después empapa sus odiosos argumentos en alcohol.
El silencio de la casa se llena de presagios, del rumor de decisiones continuamente postergadas.
Con dificultad, sintiendo el dolor del cuerpo apaleado, aurora se levanta. Apoyada en la encimera, la cabeza vencida, la sangre manchando su ropa, entreabre los ojos de párpados hinchados. Ante ella el ventanal, la luz de mayo, el parque infantil donde los niños juegan.
De pronto, Una chiquilla la saluda, sonriéndole.
Recuperando sus lágrimas, Aurora se siente fortalecida y, por fin, esperanzada, coge el teléfono… y marca.

viernes, 14 de noviembre de 2014

016


Me tapo con fuerza los oídos. Sólo quiero escuchar ese pitido agudo, pero no lo consigo. Él siempre es quien grita y ella quien llora. Suenan golpes, movimientos de muebles, cristales rotos, más voces, más llantos, y sé quién es el que da y quién la que recibe. Después él se marcha y ella se queda. Primero pasa un buen rato encerrada en el baño. Se ducha y se maquilla, aunque no puede evitar que se le note. Luego recoge todo en silencio, entre suspiros que sólo puede dar quien está roto por dentro.
No aguanto más, marco los tres números: 016. "Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle?". "Por favor, que él no le pegue nunca más a mi mamá".