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viernes, 24 de noviembre de 2017

Pesadilla

Surcos resecos y salados a ambos lados de la cara era cuanto le quedaba. No corrían ya lágrimas desde sus ojos. Se había quedado vacía.
Después de hacer cuanto le había pedido, él había desaparecido, se había esfumado, envuelto en una nube de hedor alcohólico y dolorosa frialdad.
Había intentado arrebatarle su dignidad, su espíritu, su valía, pero solo había conseguido que se sintiera más humana que nunca.
Apoyó sus manos en el suelo y se levantó. Hizo de tripas corazón, guardó su vergüenza y se dirigió con paso firme en busca del primer policía con el que se topara. 

martes, 22 de noviembre de 2016

Pesadilla

- Cariño, ¿duermes?
- Hasta hace diez segundos sí, ¿qué quieres?
- He tenido una pesadilla. Soñaba que dejabas de amarme, que me gritabas y me pegabas. Nunca imaginé que te pudieras comportar de esa manera conmigo.
- Solo era un sueño, duérmete.
- Creo que ya no voy a poder hacerlo.
- En serio mi vida, es solo un sueño, yo nunca podría hacerte daño. Vuelve a dormirte y, si vuelves a soñar, intenta no despertarte. Continúa en la pesadilla y no dudes en agarrar el teléfono y denunciarme.
- ¿Denunciarte?
- Sin dudarlo ni un momento. Mañana cuando despiertes estaré a tu lado abrazándote. Buenas noches cielo.
- Buenas noches cariño.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Pesadilla

Era Halloween y la televisión solo emitía películas de terror. Se detuvo en una que le trasladó a su juventud, la de un hombre con la cara quemada que perseguía adolescentes a través de sus sueños. Debió quedarse dormida porque al momento se vio corriendo por un callejón oscuro mientras una aterradora sirueta estallaba en siniestras carcajadas al tiempo que hacia chirriar sus cuchillos. No había escapatoria. Entonces escuchó una voz en su interior: Se alimenta de tu miedo. 

Le despertaron unos gritos demasiado familiares que venían del pasillo donde una amenazante sombra avanzaba hacía ella vomitando insultos y amenazas. Sin tiempo que perder, reunió todo el valor posible, tomó el teléfono y marcó el 016.

jueves, 26 de noviembre de 2015

Extraña escritora

Cuatro paredes, una habitación, una luz medio fundida, una puerta entreabierta y una ventana. Una ventana cerrada. Solo veía eso, Eso y los golpes. Golpes que dolían más en mi mente que en mi cuerpo.
 
Ya era la hora, ya se acercaba, llegaba del trabajo. ¿Qué necesidad tenía? Yo tampoco lo sé. Solo sé que esas paredes vieron demasiado, rabia y odio acumulado, y que ahora estoy aquí, donde nunca pensé llegar, y menos, llegar por un golpe. Decía llevarme al cielo. Desde luego que lo hizo.