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lunes, 14 de noviembre de 2016

Punto y aparte

Un día sus manos se llenaron de arrecifes y su corazón de tierra. 
Él, que había sacado el número uno en las oposiciones al Romanticismo. Luego sus frases se impregnaron de iras apagadas y fueron subiendo su volumen, inversamente proporcionales al índice de su coherencia. 
Y comenzó a gritarme en un idioma troglodita y me desnudó con la mirada sin respeto. A la siguiente noche dibujó un ademán amenazante y me recriminó amistades y actitudes. 
Por la mañana le hice el equipaje y se lo puse al otro lado de la puerta, con una nota: Si te encuentras con el alma del hombre que eras y consigues que regrese a tu cuerpo, en el fondo de mi armario queda sitio.

martes, 3 de noviembre de 2015

Punto y aparte

Echando la mirada atrás, puede que todo cambiara con aquella llamada.  Hubo un largo camino que recorrer. Un camino nuevo, rehacer de nuevo su vida. Toda una epopeya para la recién madre soltera, acostumbrada al rol de ama de casa. Combinar vida doméstica, hacer de madre y trabajar ocho horas diarias no era fácil. Nadie dijo que lo fuera.

Pero a raíz de aquella llamada  empezó a hacer su vida. La vida que deseaba vivir, libre, sin ataduras y sin ser esclava de otra persona.

A veces, incomprensiblemente aún se siente culpable de no sabe qué, pero no se arrepiente de aquella noche terrible, golpeada y desangrándose en la que apretó tres números de su teléfono móvil.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Punto y aparte

Ya está bien de puntos seguidos que sólo conducen a mi destrucción. 
Hoy escribiré mi vida terminando los párrafos con un punto y aparte. 
Narraré nuevas líneas de un futuro sin ti, alejada del pánico que siento a tu lado.
Ayer me diste la última paliza. Se acabó lo de aceptar tus disculpas
surrealistas. Si seguimos así, en la siguiente podrías estar hablando
con mi tumba. ¿Y qué iba a ser de nuestros hijos...?
La denuncia es un hecho, incluso ya te han detenido. Sólo espero que,
esta vez, funcione la justicia. Mi dolor es tan intenso, pero estoy tan
agotada, que ya no me quedan ni lágrimas.