Mostrando entradas con la etiqueta Noaice. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Noaice. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de noviembre de 2018

Salvemos a mamá

Cuando la maestra preguntó quiénes habían hecho los deberes, todos levantaron la mano. Todos, menos una. La pequeña Lucía contemplaba las páginas de su libreta en blanco.

—¿Y tus deberes, Lucía?

—No los tengo, seño. 

—Pues eso está muy mal. Tendré que llamar a tu madre. 

—¡No! ¡Es que… está malita!

—¿Qué le pasa? 

—Anoche tenía mucho dolor. Mi papá estaba muy enfadado y gritaba, y ella lloraba mucho. 

La maestra se quedó sin habla durante unos instantes. A continuación se dirigió a la clase y dijo:

—Portaos bien, por favor. Lucía, cariño, acompáñame. 

La niña obedeció de inmediato. Salieron del aula y la maestra sacó su móvil.

—¿Va a llamar a mi mamá, seño? 

—No, la vamos a salvar.

jueves, 23 de noviembre de 2017

Aquí

La misma escena de ensueño me torturaba hasta límites infranqueables: veía aquella tela color marfil barrer las flores que encontraba a su paso; veía en mi anular lucir una preciosa sortija que para mí simbolizaba la entrada al paraíso.
Y entonces, desperté.
Yacía en el suelo. Mis pies inertes y desnudos se encontraron con una de las manchas rojas que había a mi alrededor mientras hacía un esfuerzo casi sobrehumano por incorporarme. El dolor en mis costillas se agudizaba con cada inspiración y mi boca estaba empapada de un sabor metálico que me producía arcadas.
Desde aquella primera y «última» vez, cada ultraje se encarga de recordármelo: existe el infierno en la Tierra, y tú me arrastraste hasta aquí.