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viernes, 24 de noviembre de 2017

Atrapada

Quiero sonreír, escapar, ser feliz…
Me siento atrapada, como una pequeña arañita que no puede avanzar en su tela, que con tanto mimo y cuidado, ha ido elaborando cada día.
¿Por qué pasará esto? Cuestión sombría, que invade y revolotea en mi cabeza.
Un oscuro lastre, que lamentablemente aún no ha cesado.
A veces, una fina lágrima recorre mi mejilla. Otras me paralizo en silencio, intentando encontrar luz.
Quiero dar voz a quien no puede hablar, a quien le cuesta caminar, al que cree ser invisible.
¡Qué vértigo y miedo a la vez!
Al fin, un día desperté de un mal sueño y  todo cambió.
Aprendí a relegar la culpa, volando libre, sin sufrimiento y valorando, cada instante del camino.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Atrapada

Caía la noche. Un click en la puerta, suave, silencioso, igual que el de un depredador que acecha a su presa. Mario regresaba, vestido de etiqueta, con esa imagen impecable que cautivaba a todo el mundo. Los moratones de la noche anterior continuaban en mi cuerpo, si cabe más visibles. Sentí una necesidad imperiosa de escapar, de evitar el pánico que producía en mí su presencia. Cogí el teléfono y me encerré en el baño. Unos pasos se aproximaban a la puerta. Por un instante sólo oí un jadeo. Cerré los ojos. Sabía que continuaba allí, percibía su perfume en la distancia. Al día siguiente, inmóvil, amanecí acurrucada en un rincón. El peligro había desaparecido, no la sensación de repugnancia.       

Atrapada

Estoy harta. Cada día lo mismo. Llega a casa y hace conmigo lo que quiere hasta que se aburre. Siento que sólo juega conmigo, y eso no está bien. Se cree que puede contentarme con estúpidos regalos y horribles vestidos, pero no lo soporto más. Lo tengo decidido. Mañana en cuanto abra las habitaciones, cogeré impulso y saldré por fin de esta maldita casa de muñecas. 

Atrapada

¿Recuerdas cuando  jugábamos a no hacer ruido? No era consciente de lo que ocurría. La mayoría de las veces los recuerdos aparecían borrosos e irreales al día siguiente. Jamás pensé que me dominaría así; «No pasa nada, yo controlo la situación» me decía. «¡Tonta! ¡Tonta! No controlas nada, no vales nada» aseveraba en mis momentos de mayor lucidez; fueron tantas las veces que pensé que él tenía razón y yo no era nadie… Lo siento mi pequeño, lamento haberte hecho pensar que un amor valía más que otro.