Se levantó sin haber dormido, como tantas otras veces, fue al baño, dispuesta a cubrir las señales, como tantas otras veces, se vio reflejada en el espejo, a punto de quebrarse, como tantas otras veces.
Entonces todo cambió, se hizo una promesa, no era fuerte, sólo podría protegerse con ayuda, y decidió no cubrir sus hematomas, no restañar su labio herido, que la vieran tal cual era después de una paliza, como tantas otras veces.
Cuando salía a la calle él vio su cara, sus señales, sus heridas, su determinación, y le entró pánico.
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