Como surcos de un viñedo ondulaban sus sentimientos, lloró, rió y olvidó su desdicha en el encierro de un avión. Dieciséis horas transcurrieron en el aeropuerto de Delhi rumbo a Bombay. Suficientes para olvidar Europa y su mitificación. Carne cruda parecía a veces. O una flor delicada a los ojos de los demás. Un umbral que se cruza fácilmente para acceder a los deseos más retorcidos. Una dualidad y un amor propio desgastado por perversos narcisistas y hombres sin complejos. Desidia de nuestros tiempos donde carne ya no es más que carne, sino un reducto que se guarda en una caja a trocitos y se abandona a los caprichos del viento. Un viento frío que raramente juega a nuestro favor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario