Yo le canto mi amor y ella, con la voz deformada por el hinchazón de los labios, me susurra que me quiere, que soy el único que la entiende. Me dice que pronto nos iremos a vivir juntos, que en esta ocasión no se echará atrás. Se lo he propuesto tantas veces y lo hemos planeado tanto que, aunque hoy la veo firme, no quiero hacerme ilusiones. Delante de mí coge el móvil, pero mientras marca se oye un ruido de llaves en la puerta. Esconde con urgencia el teléfono, se estremece con el saludo de ¡hola gatita! y, sin volverse ni responder, simula que me cambia el alpiste. Todavía no ha visto el ramo de flores.
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