Hace dos años decidió cambiar su fecha de nacimiento por la del aquel día que despertó, una vez más, en aquella fría habitación de hospital. No recordaba las razones por las que la discusión empezó: un gesto malinterpretado, unos celos infundados… simplemente lo olvidó.
Se miró al espejo que le mostro las consecuencias de aquella discusión y sin bajar la mirada apretó los dientes, derramó unas lágrimas y se hizo una promesa: volver a vivir. Ese día renació de nuevo convirtiéndose en una mujer llena de cicatrices invisibles, pero feliz.
Hoy sopló las velas de su segundo cumpleaños, rodeada de todas aquellas personas que la querían, que la apoyaban y, mejor aún, que jamás habían dejado de hacerlo.
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