¡Cuántas veces te hablé de amor sólo para que no me dejaras! ¡Cuántos días te ennegrecí la cara para que, en tu vergüenza, te alejaras de la puerta! Cara amoratada que me suplicaba compasión. ¡Cuántas veces escondido te seguí y te hice volver contra tu voluntad! Si tan solo te hubieras erguido y levantado la voz…¡Habla, mujer, habla!
No hay comentarios:
Publicar un comentario