viernes, 14 de noviembre de 2014

Amada

Cuando conocí a Amada, descubrí que era como una roca, pues se ocultaba tras muchas corazas.
Poco a poco, como un escultor, fui retirando esas capas de lo que al inicio pensaba que eran de indiferencia. Y es que, al contrario de lo que su nombre indicaba, Amada nunca fue amada por ningún hombre, hasta el punto de que un matrimonio de celos y maltrato casi le cuesta la vida.
Tras un año saliendo, confesó que me quería. Esas palabras me dieron fuerza para seguir sosteniendo en mi mano derecha el mazo de la perseverancia, y en la izquierda, el cincel de amor con el que labro la dura roca que crearon aquellos que decían quererla.

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