lunes, 17 de noviembre de 2014

De cómo me pierdo entre tus manos

Me encuentro a un paso de ti; a dos de mí. Me miras; te siento. Te miro; te ahuyento. Sientes miedo por mí, de tu mano firme y tus días grises. De tus palabras, que incitan odio con cada marca.
Me dañas; te imploro, que quizás no hoy, pero mañana sí. Que quizá entiendas al fin, lo que me haces a mí sufrir.
Te miro adentro, y tú suspiras, susurrando el daño de una herida que jamás expira. Es un deseo, o un anhelo, lo que de ti hacia mí vacila. Y entonces gritas, como tantas otras veces; y entonces lloro, y me compadeces.
No hay perdón, y aun así lo busco; la culpa es mía; no hay más cabida.


No hay comentarios:

Publicar un comentario