lunes, 17 de noviembre de 2014

Cuando miró el reloj, ya eran más de las diez...

Horrible gesto aquel de volver a repetirle todos esos defectos, vuelta a escuchar ese ya no horripilante si no cansado y hasta monótono grito.
Y es que la asiduidad y la costumbre confunden al cerebro aletargado diciéndole lo que es la normalidad.
Cuando miró el reloj, ya eran más de las diez...así que soltó esa  chaqueta y ese recuerdo para coger el autobús y empezar su día, sonriente...


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