Dijo que me quería, pero su amor pronto se manifestó en cardenales. Por todo mi cuerpo, besos y llagas de sumisión. Sobrevivo quebrada, deshecha, envenenada por un azufre displicente. ¡Cuántas veces pienso en dejarlo! En dejarlo todo. Solo dormir, para siempre. No más sufrimiento, no más desdicha. «Si me denuncias, te mato», escucho, y tal vez sea mejor así. Mis alegrías fueron oropel. Aquellas promesas, aquellos paseos bajo el sol. ¿Un sueño hermoso, acaso? Estoy en la bañera, empuñando un cuchillo. No puedo aferrarlo pues tiemblo demasiado. Finalmente, retiro el filo de mi muñeca. Una noche más continuaré esclava. Miro la luna mientras lloro y suplico que me proteja de un demonio con piel humana.
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