jueves, 13 de noviembre de 2014

Cautiverio

Desde mi cama escuchaba las gotas que caían una a una del grifo averiado, sonaba igual que sus pasos, uno a uno, pesados, fuertes, imparables. Solo el parecido del sonido me aterraba. Mi cuerpo encogido, mis rodillas flexionadas y mi cabeza escondida bajo la manta, así esperaba a que el sueño viniera a buscarme. El sol acarició mis mejillas, el aire fresco de la calle inundó mis pulmones y al ponerme en pie, vi en el espejo a la mujer libre que llevaba mucho tiempo encerrada en su celda de miedo y soledad. No sé si fue el sol, el espejo o el aire fresco, pero en ese momento decidí poner fin a aquello, liberé mi yo en cautiverio.

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