De una esquela se desprenden unas gotas de sangre que no todo el mundo desea ver. Se observan las gotas de sangre que descienden en macabra procesión en dirección a estatuas mohosas de generales victoriosos que espantan a las blancas palomas. Pasan por la Audiencia de viejos jueces con nuevos zapatos que resuelven de un sonoro portazo. Se cuelan en las tabernas entre carteles de toros, fútbol y copas de sol y sombra. Trepan por las fachadas de la iglesia y la mezquita pasando desapercibidas entre curas e imanes. Salpican diccionarios, juguetes y anuncios de publicidad. Se detienen en la escuela de niñas y vuelven al cementerio a posarse en la corona de flores de la nueva mujer muerta.
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