Renuncio a los ropajes de fiesta y a las brillantes colas de sirena. No quiero seguir vistiéndome de quimeras, dijo ella. Al llegar a la isla, se compró unas mallas de lentejuelas relucientes con los colores de una ondina que decide pisar tierra.
Paseaba y escribía sobre amor, sol y utopía. Junto a la antigua fuente del bosque, tierra adentro, encontró a un poeta de mirada azul que soñaba con ser marinero. Los demonios son sedentarios, dijo él. De la mano, anduvieron los caminos hasta perderlos.
Ahora, ella navega feliz en un velero. Él no viene porque el agua siempre le dio miedo.
Este cuento es un golpe de timón en pos de relaciones íntimas más igualitarias.
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