Mis lágrimas cesaron. Mis gritos sucumbieron y mi dolor se acopló al son de cada muestra de "cariño". Sueños robados y dejados por el infortunio del destino que me sumergió en los brazos del enemigo.
Nadie oía mi silencio, nadie amparaba mi tormento porque era yo quien debía hacerlo.
Cuando cayó mi velo al fin, me abandoné desnuda a la vida para respirar el más libre aire
que resucita del dolor.
Descubrí que caminé con miedo pero caminé en el nuevo amanecer
que mi vivencia me ofreció.
Me orienté con mi corazón, que palpita más fuerte que nunca,
descubriendo que tengo valor.
Con gran emoción le planté cara al maltratador.
Aunque aún use tiritas para tapar, mis cicatrices, ganaré vida.
Nadie oía mi silencio, nadie amparaba mi tormento porque era yo quien debía hacerlo.
Cuando cayó mi velo al fin, me abandoné desnuda a la vida para respirar el más libre aire
que resucita del dolor.
Descubrí que caminé con miedo pero caminé en el nuevo amanecer
que mi vivencia me ofreció.
Me orienté con mi corazón, que palpita más fuerte que nunca,
descubriendo que tengo valor.
Con gran emoción le planté cara al maltratador.
Aunque aún use tiritas para tapar, mis cicatrices, ganaré vida.
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