lunes, 17 de noviembre de 2014

Pero ya nada sería igual

Pero ya nada sería igual. Ni sus noches en la terraza a la luz de la luna esperando que llegara. Ni sus ojos oscuros arrasados en lágrimas cuando lo viera. Ni sus arañazos en la espalda que palpitaban incandescentes. Ni sus manos, sus pies y su cuerpo entero temblando de espanto. Pues ya nada sería igual. Ya solo quedaba él.



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