lunes, 17 de noviembre de 2014

Muñecas

El pequeño arrastraba la muñeca  por el pelo  golpeándola  con saña   cuando  una sonora bofetada de su hermana  le estalló en pleno rostro.
Tras una dolorosa espera, su padre se acercó
-Me dolía mucho la bofetada, no sabía  qué había hecho yo para merecerlo…Pero lo peor era que por más que yo  lloraba, todo el mundo seguía  a lo suyo sin importale mi dolor…
-Así es exactamente  cómo se sentía la muñeca – sentenció el  padre
Salió angustiado  a buscar a la muñeca para pedirle perdón. Cuando llegó, ya no estaba allí, su hermana la había puesto a buen recaudo. Nunca volvió a verla. Nunca la olvidó. Aprendió a jugar con las muñecas y no contra ellas.
Y fue feliz jugando

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