El pequeño arrastraba la muñeca por el pelo golpeándola con saña cuando una sonora bofetada de su hermana le estalló en pleno rostro.
Tras una dolorosa espera, su padre se acercó
-Me dolía mucho la bofetada, no sabía qué había hecho yo para merecerlo…Pero lo peor era que por más que yo lloraba, todo el mundo seguía a lo suyo sin importale mi dolor…
-Así es exactamente cómo se sentía la muñeca – sentenció el padre
Salió angustiado a buscar a la muñeca para pedirle perdón. Cuando llegó, ya no estaba allí, su hermana la había puesto a buen recaudo. Nunca volvió a verla. Nunca la olvidó. Aprendió a jugar con las muñecas y no contra ellas.
Y fue feliz jugando
No hay comentarios:
Publicar un comentario