La sangre, puzzle impreciso, no delata el paisaje de la realidad.
Aquella mañana despertó con el cielo desteñido.
Su cielo, ese que él le había grabado a golpes la noche anterior.
Desde la cárcel de sus pestañas pudo ver el limitado mundo de la felicidad. El muro que custodiaba su libertad, se había vestido de fiesta.
Escrito con el color indeleble del miedo pudo leer "Perdóname"
La autopsia no reveló que le amaba.
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