martes, 10 de noviembre de 2015

Náufrago en tierra firme

Si tan solo encontrase una persona que comprenda que ser un privilegiado no es motivo de alegría. Mi estatus está condicionado a que ellas sufran para que no se derrumbe este imperio del que me han hecho partícipe. Soy esclavo de esta sociedad que quiere arrastrarme a la locura. Los hombres me explican que no hay matrimonio feliz sin mano dura. Cuando mi madre se empeña en que sea como ellos, se me oprime el corazón. Aunque yo sí que tengo derecho a hablar, de nada sirve, pues sus oídos no escuchan. De niños, nos prohibieron jugar juntos. Ahora, me obligan a presenciar su boda con un coleccionista mujeres. Mi alma llora con los ojos secos.

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