jueves, 22 de noviembre de 2018

Creciendo deprisa

El niño se acostó sin que le leyeran un cuento. Aquella noche escuchó golpes, gritos, más golpes, portazos, el motor de una camioneta, llantos. Sintió frío polar, pero nadie le arropó para que desapareciera el castañeteo de dientes. Se tapó los oídos, pero seguía oyendo esa voz cavernosa. Quiso levantarse para hacer pis, pero las piernas parecían de cristal.

Cerró los ojos e imaginó una historia con final feliz. Un chico rescataba a una mujer herida, de las garras de un hombre con aspecto de ogro. El pequeño se durmió, agotado. Por la mañana contó la fantasía a su madre. Ésta, con el rostro amoratado por su calvario, le ordenó tenderse al sol para madurar cuanto antes.

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