miércoles, 21 de noviembre de 2018

Reencarnación

Con esa candidez que otorga la infancia, la niña se tapa los ojos para esconderse, como si ese gesto tuviera el poder de hacerla invisible. Por unos instantes imagina otros mundos en los que vuela como una mariposa o resplandece bajo el sol como la flor más roja del prado. La mujer que una vez fue niña también se cubre el rostro con el mismo anhelo de invisibilidad. Si pudiera soñar, desearía vivir otra realidad, ser una persona distinta. No se resigna a que el destino decida que no es posible volver a nacer sin pasar antes por la muerte.

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