jueves, 22 de noviembre de 2018

El oso

Nuestra gruta estaba en una pared rocosa. Al amanecer descendíamos hasta el valle en busca de agua y alimentos. Cuando regresábamos, yo trenzaba juncos cerca del fuego, mientras mi madre me contaba historias de la Diosa. Por la noche, cubiertas con pieles de animales, dormíamos abrazadas bajo el fulgor de la luna llena. Éramos libres y felices. Hasta que regresó el Oso. Agarraba a mi madre de los cabellos y se la llevaba al rincón más oscuro. Ella gritaba y lloraba desconsoladamente. Una noche intenté defenderla y el Oso nos golpeó con sus zarpas gigantescas. Entonces se acabaron todos los cuentos. La policía detuvo a mi padre en la cocina, donde les esperaba junto al cuerpo inerte de mi madre.

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