jueves, 22 de noviembre de 2018

Como cada noche

Boom, boom, boom… Casi era capaz de ver cómo temblaba la pared de la habitación con cada golpe. El ruido era sordo. Lo que yo sentía gritaba en mi interior. Papá había vuelto a casa hacía un rato, y por el tufillo que se le notaba al pasar, había estado bebiendo… como cada noche. Y como cada noche, la había tomado con nosotros. Mamá y yo nos turnábamos para enfrentarnos a él. Hoy le tocaba a ella. Si papá dejaba de gritar, se entreoían sus lágrimas. Yo me tapaba los oídos, pero nunca era capaz de no prestar atención al momento en el que papá decidía que la pared había tenido suficiente y que era hora de golpear otra cosa.

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