La felicidad brillaba en los ojos de María cuando estaba con él. Sabía lo muchísimo que le quería. Paco, su Paco, Paquito. Reconocía su genio, pero era bueno, el hombre más bueno de la tierra.
Paco dio un portazo.
Para María él era lo más importante. Para Paco lo era ella y no permitiría que nada ni nadie la amenazara.
Paco dio un portazo. No era la primera vez.
María besó con ternura a Paco, su Paco, Paquito.
Paco dio un portazo. No era la primera vez. Detrás quedó su novia, con la cara tumefacta, el cuerpo magullado, y el alma destrozada.
María abrazó a Paco, su hijo, el hombre más bueno de la tierra.
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