Ayer me contó que quería volver a sentirse. Aunque solo fuese con una emoción o una sensación. Un olor o una voz. Al menos con un recuerdo. Algo que le devolviese a su jardín de infancia. Donde sus oídos eran sordos a las palabras inconexas y su nariz incapaz de entender perfumes de anestesia. La veo cómo mira hacia abajo para rehuir de sus pasos olvidados. Cómo se toca la cara, con cemento en los párpados, para olvidar el fulgor de su mente. Y cómo entorna sus labios para que nadie vea el mar de unos ojos sin luna. "Te lo contaré todo sobre un fondo blanco y la boca sellada", dijo. "Volverás a sentirte y lo gritaremos juntas", respondí
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