—Aquí tiene sus pertenencias —dijo la recepcionista de Carlos el día que le abandoné.
—¿Qué pertenencias? —le pregunté confusa.
—Lo que le entregó el día que vino a vivir con él —respondió poniendo una enorme caja de cartón en mis manos.
Pesaba muchísimo. ¿Cómo puedo haber perdido una cosa tan grande? Abrí curiosa la caja. Allí lo encontré lleno de polvo, pisoteado y maltrecho. Con mimo lo desenvolví, lo sacudí con fuerza y salí por la puerta envuelta en mi amor propio.
—¿Qué pertenencias? —le pregunté confusa.
—Lo que le entregó el día que vino a vivir con él —respondió poniendo una enorme caja de cartón en mis manos.
Pesaba muchísimo. ¿Cómo puedo haber perdido una cosa tan grande? Abrí curiosa la caja. Allí lo encontré lleno de polvo, pisoteado y maltrecho. Con mimo lo desenvolví, lo sacudí con fuerza y salí por la puerta envuelta en mi amor propio.
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