miércoles, 15 de noviembre de 2017

Campanadas

Allí estábamos, él y yo, sentados en dos sillas frías. El silencio de los hijos que nunca tuvimos y la ausencia de nuestros padres nos acompañaban. En las manos, dos cucuruchos de papel de plata con doce uvas. En la tele, gente con gorros coloridos, con cuatro copas de más, reía. Tendrían algo que celebrar. Cuando empezaron las campanadas cerré los ojos. ¡Tang! desee caricias, ¡tang! no quería más heridas, ¡tang! respeto, ¡tang! sonrisas de verdad, ¡tang! no más reconciliaciones falsas, ¡tang! necesitaba valor, ¡tang! ayuda, ¡tang! ¡tang! ¡tang! ¡tang!. Empezaba un nuevo año. Cogí el teléfono, marqué el 016 y fingí llamar a mi hermana. Aquel era el principio de mi nueva vida. Ya sentía libertad. Sonreí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario