Quien bien te quiere, te hará llorar; quien bien te quiere…las palabras resonaban huecas en su cabeza. Oía la voz de su madre repitiendo la frase apocalíptica como una letanía en sus labios: quien bien te quiere…
Desde la sien, un hilito de sangre le bajaba por la mejilla. Entonces se levantó y miró por última vez aquella habitación. Cogió una maleta, la llenó, dejó las llaves encima del armario y cerró la puerta de casa para no abrirla más.
Mientras bajaba por la escalera musitaba entre dientes una frase repetitiva: quien bien te quiere… te hará feliz.
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