Los perros tienen un sexto sentido: cuando perciben que su dueño está a punto de regresar a casa, corren felices hacia la puerta para recibirlo. Así actúa el mío con papá, excepto las madrugadas que gruñe y ladra antes, incluso, de que entre en el portal. Eso le permite a mamá, casi siempre, esconderse bajo mi cama.
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