Algunos objetos de la habitación me resultaban familiares, eso me tranquilizaba en cierta medida, pero la soledad y el silencio me asustaban. Estaba desconcertada. Desde que desperté no había tenido contacto con nadie, hasta que finalmente oí el crujir del pomo de la puerta.
-¡Papá! -respiré, y por fin pude sonreir- comenzaba a preocuparme.
En silencio, dejó sobre la mesa una bandeja con comida y salió. El cerrojo retumbó en toda la estancia.
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